viernes, agosto 26, 2005

Faro

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Las olas se estrellan contra mis murallas sin que el embate del agua y del viento minen los cimientos de mi construcción. Los años han corrido a través de puertas y ventanas tras la luz que se irradia desde lo alto sin lograr socavar mi resistencia.
A veces los asiduos visitantes se preguntan sobre la causa de mi fortaleza, la cual se sospecha llegó entretejida con cantos de sirenas y espuma de mar entre campos de bellas violetas y delicadas margaritas transportadas en caracolas vestidas con halos de estrellas.
Quien fue mi constructor decidió, sin consultarme, la tarea que definiría mi existir y yo fielmente la he seguido.
Día y noche permanezco erguido brindando lo que el sol y la luna han marcado en mi destino.
La cima del mundo encuentra aquel que busca mi compañìa en lo alto de mis senderos, dejando que la brisa que forma mi abrigo, acaricie y envuelva a quien comparte esos momentos conmigo.

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Más cuando la noche se cierne sobre la tierra, sobre todo cuando entre nubes de tormenta se esconde la luna, es que mi luz inunda el horizonte buscando llevar a puerto a aquellos que se encuentran perdidos.
Solo soy luz que señala y no está en mis manos, por más que yo quiera el cambiar los caminos, pero aquí seguiré iluminando a todo aquel que, en las noches cerradas, me busque confiando no perder el rumbo que ha elegido.
Mientras mis muros no caigan seguiré siendo faro que guíe en tormenta o en calma para que llegue a puerto el viajero sin perder de vista el camino.



Desde aquí entre aromas de canela y manzana, hasta allá